¡EL MEJOR REGALO, TU VIDA !

10 03 2011

En reiteradas ocasiones el Papa Benedicto XVI ha manifestado que los hombres y las mujeres no se adhieren a la fe por un razonamiento, aunque sea muy  lúcido o brillante, sino por el encuentro con JESUCRISTO que transforma radicalmente tu mirada y la manera de entender la vida. Baste como botón de muestra el testimonio que descubrí al leer el libro «Motivos para creer. Introducción a la fe de los cristianos». Su autor manifestaba haber quedado profundamente sorprendido ante el éxito que había tenido en EEUU el libro de Tony Hendra —guionista descreído y satírico de la tv británica— que paradójicamente llevaba por título: «El Padre Joe, el hombre que salvó mi alma». En él narraba su gran amistad con este sacerdote católico. Durante décadas —comentaba el autor— el Padre Joe se mantuvo como un punto de referencia estable y seguro en mi vida. Accesible, compasivo en momentos de crisis, de éxitos, de fracasos… Nunca intentó hacer méritos, ni ganar una discusión, siempre supo ser él mismo. Con paciencia fue desmontando, destruyendo mis falsas ilusiones y ambiciones.

Este hombre viejo, con grandes orejas de delfo, que lentamente iba menguando y envejeciendo… fue la mediación perfecta para encontrarme con  «Dios». El mejor regalo que jamás hubiera podido recibir. Y eso que yo no creía… pero ese hombre sirvió de conexión entre Dios y yo. Sospecho que muchos hombres y mujeres de hoy atraviesan por situaciones  similares a la mía.

Podemos sentir la incertidumbre, podemos ser incapaces de ofrecer una explicación intelectualmente satisfactoria de lo que creemos pero… en alguna parte de nuestro horizonte hay personas que Dios ha puesto en el mundo para que establezcan esta conexión paradójica y misteriosa.

No importa que esas personas sean tan frágiles y vulnerables como nosotros. Lo importante es que descubrimos a alguien que vive en el mundo que a nosotros también nos gustaría habitar…

Mientras haya personas, que de forma eficaz y valiente, se responsabilicen de Dios, las puertas permanecerán abiertas y existirá la posibilidad de que otros muchos podamos decir algún día: CREO, he encontrado mi hogar en Dios.

No deja de ser conmovedor que haya un número de jóvenes nada desdeñable que se sientan llamados a ser REGALO de DIOS en el MUNDO.  Y descubran que ser sacerdote hoy sigue siendo una bendición —un bien «ecológico»— no sólo para la Iglesia sino para toda la humanidad; una de las formas más sublimes de hacer visible el Reino de Dios; una de las formas más hermosas de encarnar los ideales que tiene hoy cualquier joven; una de las formas posibles de hacer la voluntad de Dios y sentirse plenamente realizado; una de las formas reales de ser feliz; una de las formas, aunque parezca paradójico, de ser totalmente libre; una de las formas más auténticas para ser realmente fecundo en la vida…

Si alguna vez lo llegases a sentir… No tengas miedo,  ¡ REGÁLATE !

Ángel Pérez Pueyo

Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades

De la Conferencia Episcopal Española.





¡Gracias Sacerdotes!

3 05 2010

Sacerdotes: Muchas gracias por todo





Sacerdote, ¿Por qué no?

25 03 2010

Viene a mi recuerdo la anécdota que José Luis Martín Descalzo -q.e.p.d.- contaba de un concurso fotográfico que organizó hace años el periódico Il Tempo sobre: «¿qué quieres ser de mayor?». Los niños italianos acudían a la redacción del periódico para elegir uno de los setenta y ocho oficios que ofrecían. Se vestían con el traje y se hacían una fotografía. El periódico fue seleccionando y publicando las mejores imágenes.

Cuentan que hubo un niño que miró la lista una y otra vez, como si buscase algo que no encontrara… Al no hallar lo que buscaba, le dijo a su padre:

Papá, y sacerdote ¿no puedo ser?

Su padre se quedó helado. Repasó la lista y efectivamente no habían contemplado que alguien pudiera soñar con ser sacerdote de mayor.

Tal vez para algunos, en el mundo que anhelan, sólo tengan cabida buzos, astronautas, bomberos, toreros, deportistas… y no sacerdotes.

Desconozco si fue un olvido fortuito o un presagio del equipo de dirección. Lo cierto es que hace unos días compré un libro titulado «Elige lo que quieres ser. Guía completa de carreras universitarias y formación profesional». Y por lo que he podido hojear, en el mundo con el que sueñan algunos, sólo tienen cabida economistas, científicos, médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, empresarios, políticos, periodistas, deportistas, cantantes…

Ciertamente son pocos los que llegan a descubrir que la verdadera necesidad de nuestra humanidad hoy es la de ser «panaderos», «panaderos de Dios», es decir, sacerdotes. En el mundo sigue habiendo hambre. Muchos, sobre todo ahora, tienen por desgracia también hambre de pan. Otros, tienen hambre de justicia, de ternura, de amor. Al parecer, «el pan con código de barras» que la sociedad de consumo ofrece no termina de saciarles plenamente. Todos, aunque a veces lo ignoren o incluso lo nieguen, sienten profundamente «hambre de Dios». Necesitan sentirse queridos, respetados, valorados, llenar sus vidas de sentido, de plenitud, de autenticidad, de libertad, de felicidad, de eternidad… Dones y gracias que sólo el Señor puede regalarnos ofreciéndose Él mismo como «pan eucarístico» que es compartido y repartido por quienes han sido llamados (vocación) a ser, por pura gracia, sus «panaderos» (sacerdotes).

¡Qué suerte poder contar en cada comunidad, en cada pueblo o país, con un puñado de «panaderos» que repartan a manos llenas el «pan de la Palabra», el «pan de la Eucaristía», el «pan de la Misericordia (reconciliación)», el «pan de la Fraternidad (comunión)», el «pan de la Solidaridad»…!

No sé si aquellos redactores de Il Tempo practicaban como católicos, pero podría asegurar que, casi todos ellos un día entraron a formar parte de la gran familia cristiana con el agua que un sacerdote derramó en sus frentes recién nacidas; que temblaron sus piernas cuando un sacerdote les dio el Cuerpo de Cristo (la comunión); que todos ellos habrán tenido un amigo sacerdote que alguna vez les haya escuchado, orientado y animado a cambiar de actitud o de vida (conversión) y a descubrir el verdadero rostro de Dios, Padre entrañable que perdona y devuelve a cada uno su dignidad como hijo… E imagino que algún día desearán tener un sacerdote al lado, cuando el Padre les mire, y les pregunte: «Y tú, ¿qué has hecho de tu vida?». Sería muy triste que en ese momento únicamente se vieran rodeados de buzos, astronautas, bomberos, toreros…

Los sacerdotes ―aun reconociendo sus límites y fragilidades― son una bendición para todos, un «bien ecológico» para la humanidad y no un objeto arqueológico como a muchos les gustaría. Ser sacerdote hoy es una de las formas más sublimes de hacer visible el Reino de Dios; una de las formas más hermosas de encarnar los ideales de cualquier joven; una de las formas posibles de hacer la voluntad de Dios y sentirse plenamente realizado; una de las formas reales de ser feliz; una de las formas, aunque parezca paradójico, de ser totalmente libre; una de las formas más auténticas para ser realmente fecundo en la vida… Pero sigue siendo un bien escaso; un ministerio con plazas disponibles.

¿Has pensado alguna vez que Dios ha podido adornarte con esta gracia tan extraordinaria? ¿No sientes curiosidad por saberlo?

Si así fuera, ¡no tengas miedo! Te basta su GRACIA.

Ángel Javier Pérez Pueyo

Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades

Conferencia Episcopal Española





SACERDOTES HÉROES DE LA HUMANIDAD

8 03 2010

Aquí incluimos un video elaborado por el Seminario de Zaragoza.

Interesante para la campaña del Seminario. entra en el enlace.





Echa las redes

5 03 2010

Desde que Tú te fuiste
no hemos pescado nada.
Llevamos veinte siglos
echando inútilmente
las redes de la vida,
y entre sus mallas

sólo pescamos el vacío.
Vamos quemando horas
y el alma sigue seca.
Nos hemos vuelto estériles
lo mismo que una tierra
cubierta de cemento.
¿Estaremos ya muertos?

¿Desde hace cuántos años no nos hemos reído?
¿Quién recuerda la última vez que amamos?

Y una tarde Tú vuelves y nos dices:
«Echa la red a tu derecha,
atrévete de nuevo a confiar,

abre tu alma,
saca del viejo cofre
las nuevas ilusiones,
dale cuerda al corazón,
levántate y camina».
Y lo hacemos sólo por darte gusto.
Y, de repente, nuestras redes rebosa
n alegría,
nos resucita el gozo
y es tanto el peso de amor
que recogemos
que la red se nos rompe cargada
de ciento cincuenta esperanzas
.
¡Ah, Tú, fecundador de almas: llégate a nuestra orilla,
camina sobre el agua
de nuestra indiferencia,
devuélvenos, Señor, a tu alegría

José Luis Martín Descalzo








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